𝗗𝗶́𝗮 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗿𝗿𝘂𝗽𝗰𝗶𝗼́𝗻

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ENTRETENIMIENTO - 9 de Diciembre de 2022

Diciembre 9


En los últimos meses se han dado muy importantes debates alrededor de la corrupción en Colombia. Se ha pedido el fortalecimiento de la Fiscalía y los entes de control, se han exigido pliegos únicos para la contratación estatal, se han dictado normas sobre requisitos y evaluaciones en las licitaciones y sobre la imposibilidad de que contratistas corruptos reciban dineros a la terminación de sus contratos por objeto o causa ilícita. Se ha dicho también que no pueden darse beneficios penales a los corruptos ni ellos pueden tener la casa por cárcel.

 

Todo lo anterior es válido y es muy posible que, de hacerse, en conjunto, resulte en un más efectivo control y una reducción de la corrupción en Colombia. Sin embargo, en los debates que se han dado en materia de corrupción brillan por su ausencia reflexiones sobre sus causas raíces y sobre la forma de acabar con toda una cultura de ilegalidad, tolerancia e indiferencia frente a la ilicitud que ha venido apoderándose del país. Es como si el gran objetivo nacional fuera el de combatir los síntomas, mas no las causas últimas de la enfermedad.

 

La corrupción es, en esencia, un problema de distorsión de cultura y de pérdida de valores y principios, y a la vez un problema de no entender los conceptos de respeto, solidaridad, servicio público. Por ello creo que mientras no se ataquen esas causas persistirá éste grave problema nacional, y continuaremos con ese ciclo frustrante en el que hemos vivido desde hace años: seguiremos tomando más y más “medidas contra la corrupción”, mientras esta, infortunadamente, buscará siempre otros caminos para encontrar la manera de superarlas y de perseverar y continuar arraigándose en la vida de nuestro país. Al fin y al cabo, la historia reciente del país así nos lo demuestra: hemos visto cómo, a lo largo de los últimos veinticinco años, luego de la reforma constitucional de 1991, se han expedido leyes, se han tomado medidas, se han fortalecido la rama judicial, la fiscalía y las entidades de control, todas las cuales hoy en día son más grandes y tienen más gente y más presupuesto que nunca antes; sin embargo, también hemos visto cómo, a pesar todas esas acciones, cada vez crece la corrupción, como si ese esfuerzo institucional hubiera sido en vano.

 

 


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